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Hora dorada
ALQUÉZAR GUARA 7
07-07-2026

Nos despertamos, desayunamos y ponemos rumbo a la piscina. Hoy los grupos intercambian las actividades: quienes ayer disfrutaron del barranquismo, hoy tendrán la oportunidad de probar la escalada, y viceversa. El madrugón sigue costando un poco, aunque ya sabemos lo que nos espera y el ritmo empieza a notarse.

Hoy os contaremos un poco más sobre la escalada.

Al llegar, los monitores técnicos reparten el material necesario: arnés, casco y mosquetones. Con todo preparado, realizamos el tramo de aproximación hasta el pie de vía, donde comienza la aventura.

Durante la mañana tenemos la oportunidad de escalar varias vías de diferente dificultad. Para quienes no estén familiarizados con este deporte, las vías se clasifican según su dificultad técnica, comenzando por grados más sencillos y aumentando progresivamente. Los monitores técnicos equipan tres vías, clasificadas como un IV, un V y un V+, así, cada participante puede encontrar un reto adaptado a su nivel y, sobre todo, superarse a sí mismo. Para terminar la actividad, también tenemos la oportunidad de realizar un rápel antes de regresar.

Sobre las 12:30 volvemos al albergue, cambiamos las botas por el bañador y aprovechamos para disfrutar de la piscina mientras regresa el grupo de barranquismo.

Después llega la comida: crema de calabacín y carne magra guisada. Con las energías recuperadas, volvemos todos juntos a la piscina antes de comenzar la actividad de la tarde.

Hoy realizamos un taller de habilidades sociales. Por grupos de referencia buscamos distintos rincones tranquilos del pueblo, espacios que invitan a hablar con calma y a sentirse cómodos.

La actividad de hoy ha sido especialmente significativa. A través de diferentes dinámicas, nuestros adolescentes han encontrado un espacio seguro para expresar aquello que muchas veces cuesta poner en palabras. Han compartido inquietudes, recuerdos, ilusiones, miedos y sueños, siempre desde el respeto y la confianza, llegando cada uno hasta donde ha querido llegar.

Ha sido uno de esos momentos que recuerdan que un campamento no solo está lleno de aventuras, sino también de personas. Ver cómo se escuchaban, se respetaban y se apoyaban unos a otros ha sido, sin duda, uno de los instantes más especiales de este día.

Después de una tarde tan intensa toca recuperar energías con la cena: canelones y libritos de lomo.

Las emociones todavía estaban muy presentes y, en algún momento, alguno necesitó dejar salir todo lo vivido durante la tarde. Lo más bonito fue comprobar cómo, de forma completamente natural, el propio grupo estuvo ahí para acompañar, escuchar y apoyar a quien lo necesitaba. Ese compañerismo dice mucho de todo lo que han construido juntos durante estos días.

La jornada termina con una de las veladas más esperadas del campamento: la Noche del Terror. Una misteriosa historia de runas, ánimas y antiguos rituales nos guía por diferentes pruebas en las que debemos liberar a los espíritus atrapados. Gritos, carreras, risas y algún que otro susto hacen de esta una noche difícil de olvidar.

Poco a poco volvemos a la calma, nos reunimos por última vez con nuestros grupos de referencia y ponemos rumbo a las habitaciones. Después de una jornada tan intensa, tanto física como emocionalmente, toca descansar.