ALQUÉZAR GUARA 9 - gaztejarduerak
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Nos despertamos, como cada mañana, al ritmo de la música. Pero hoy hay algo diferente. Todavía cuesta ponerle nombre, pero se nota en el ambiente. Entre bostezos y mochilas a medio hacer empieza a asomarse esa nostalgia que siempre acompaña al último día de campamento.
Bajamos a desayunar y ponemos rumbo a la piscina, donde nos espera una de las actividades más originales de la semana: la Gran Verbena.
Por grupos, somos nosotros quienes nos encargamos de ofrecer actividades al resto de compañeros. Hay juegos de agua para combatir el calor, pruebas relacionadas con los cinco sentidos, un rincón de masajes para quien necesita relajarse y hasta un particular First Dates, con parejas aleatorias, preguntas para romper el hielo y una decisión final: ¿pareja... o mejor como amigos? Todo, por supuesto, desde el respeto y con muchas risas.
Después de tanto ir y venir, toca un chapuzón para refrescarnos antes de volver al albergue a comer. El menú de hoy: arroz a la cubana y salchichas. Un auténtico éxito.
La piscina vuelve a convertirse en el punto de encuentro durante el rato libre de la tarde, antes de dar paso a uno de los momentos más especiales del campamento.
Hoy celebramos la última asamblea con nuestros grupos de referencia. A través de diferentes dinámicas compartimos palabras de agradecimiento, reconocimiento y cariño, recordando todo lo vivido durante estos días. Ha sido un momento para parar, mirar atrás y darse cuenta de todo lo que hemos crecido como grupo.
Después nos reunimos todos en el salón de actos para firmar las camisetas. Entre dedicatorias, dibujos y algún que otro mensaje imposible de borrar, cada camiseta se convierte en un recuerdo que volverá a casa cargado de historias.
Llega la cena, y el menú no podía fallar: una hamburguesa completa, con tomate, lechuga, cebolla, queso... y muchas ganas de afrontar la última noche, porque, después de cenar... empieza la auténtica fiesta.
¡Abren sus puertas la discoteca-rocódromo de Alquézar! Entre Kas de naranja, Coca-Cola Zero y temazos que se escuchan desde la otra punta del albergue, nuestros adolescentes lo dan todo en la pista de baile para despedir un campamento que difícilmente olvidarán.
Mientras ellos disfrutan de su última noche, los monitores nos preparamos para la misión más complicada del campamento: sobrevivir hasta que el último decida que ya es buena hora para irse a dormir.



